¿Qué tipo de ciudad queremos dejar a las futuras generaciones…?
Autor: Dr. Ramón Abonce Meza. 14-12-2009 Las ciudades han evolucionado a través de la historia de la humanidad para irse adaptando a las cambiantes necesidades de la población que las habita. Dichas necesidades tienen que ver con un sinnúmero de aspectos, de entre los cuales podemos identificar 5 o 6 como los más importantes: las actividades económicas predominantes en la época; los sistemas político-administrativos existentes; los aspectos físicos y climatológicos de la región; los gustos de la época; las necesidades de desplazamiento de la población; y muy recientemente, las modas impuestas por la globalización y por la cultura del miedo. Cada uno de estos aspectos influye de una manera decisiva en las características físicas de las ciudades, modificando a su vez la forma de vivir de las personas, ya que la ciudad es por naturaleza el espacio humano de trabajo y socialización.
De todos estos aspectos, el que más está impactando al espacio urbano es el de las modas impuestas por la globalización y por la cultura del miedo, las cuales propician la aparición de “archipiélagos urbanos” que van en contra de la conectividad y la permeabilidad urbana. Esta realidad que en los últimos 25 años está caracterizando a muchas de las ciudades mexicanas y latinoamericanas, genera lo que se ha dado en llamar la “anticiudad”, generando consecuencias negativas previsibles y cada vez más estudiadas, como son la fragmentación urbana y la segregación social.
Este proceso es consecuencia de una deficiente e incompleta planificación institucional que ha cedido al sector inmobiliario la tarea de diseñar la infraestructura urbana de los nuevos desarrollos habitacionales, teniendo como resultado el surgimiento de la ciudad amurallada o ciudad archipiélago, lo que afecta severamente el funcionamiento de la ciudad, la cual está creciendo como un árbol con grandes ramas (fraccionamientos cerrados) que solo tienen un punto de contacto con el resto del árbol (ciudad).
Entre los principales errores que desde nuestro punto de vista tiene este tipo de ciudad encontramos en primer lugar la construcción de conjuntos habitacionales “individuales”, en donde cada etapa es un nuevo fraccionamiento cerrado, no obstante que en la mayoría de los casos el propietario es dueño de los terrenos adyacentes, y que por lo tanto hubiera podido existir un plan maestro que permitiera mayor conectividad urbana entre sus fraccionamientos. El segundo de los aspectos negativos es la carencia de usos mixtos del suelo en todos estos desarrollos inmobiliarios, lo que obliga a los habitantes a realizar innumerables desplazamientos vehiculares para satisfacer sus necesidades básicas, ya que el caminar al interior y al exterior del fraccionamiento es prácticamente imposible por falta de espacio peatonal y por la inseguridad que generan los interminables muros ciegos que caracterizan sus fachadas exteriores.
El tercer aspecto negativo identificado es la homogeneidad en el tipo de vivienda, lo que a su vez genera una segregación social al separar a la población por rangos socioeconómicos en donde, por muy poca diferencia en los niveles de ingreso (a veces menos de $3,000 pesos), se limita la posibilidad de adquirir una vivienda en un fraccionamiento, cuando en la vida diaria es muy probable que esas personas convivan diariamente sin ningún problema.
El cuarto aspecto negativo identificado es la falta de jerarquía urbana de las vialidades principales, pues aunque cuentan con las dimensiones y características físicas de toda vialidad primaria (según la normatividad urbana vigente), no fueron acompañadas de una lotificación acorde a su jerarquía, ya que en muchos casos existen lotes muy pequeños (desde 7 metros de frente), lo que rápidamente propicia la aparición y desarrollo de un sinnúmero de comercios y servicios de baja calidad que lejos de ayudar a generar una imagen urbana digna, degradan y pauperizan el sector.
El quinto aspecto negativo identificado consiste en no prever la existencia de una red de espacios públicos que pueda influir en mejorar la imagen urbana de la zona, al mismo tiempo que ofrezca alternativas de esparcimiento y socialización a los habitantes. En este sentido no se toman en cuenta las necesidades de infraestructura y equipamiento urbano que este tipo de desarrollos requieren, trayendo como consecuencia la existencia de amplios sectores de la ciudad que concentran a una gran cantidad de habitantes en un espacio físico de poca calidad.
En contraposición tenemos a los barrios tradicionales, que aglutinan a la mayor parte de los elementos que según el Nuevo urbanismo debe tener un espacio urbano exitoso y que son: los usos mixtos del suelo; la peatonalización del espacio urbano; la inserción de vegetación en la ciudad; la movilidad a partir de las redes urbanas, la jerarquización del espacio público, así como el recate de los patrones urbanos y arquitectónicos locales.
En este tipo de espacios urbanos se puede apreciar claramente una intención de continuidad y de jerarquía en la infraestructura vial, así como la existencia de diversos espacios públicos como son plazas, jardines y parques urbanos que articulan y dan jerarquía tanto a los edificios como a los espacios más importantes, propiciando con ello una clara identificación y apropiación de ellos por parte de la población. En estos sectores de la ciudad la conectividad y permeabilidad son muy buenas, fomentando la existencia de usos mixtos del suelo que a su vez dan riqueza al espacio urbano. Estos elementos positivos de la estructura urbana contribuyen a maximizar la intensidad de uso del espacio y a enmarcar adecuadamente a la arquitectura tanto anónima como monumental que existe en la zona.
De la comparación entre estos dos modelos de desarrollo podemos concluir que el espacio urbano tradicional posee grandes ventajas y beneficios para la población, como son la traza urbana a escala del ser humano, la conectividad espacial, la permeabilidad y accesibilidad del espacio, así como la existencia de plazas y jardines públicos que se insertan dentro del trazado urbano; todos ellos elementos fundamentales para una sana y efectiva vida de relaciones sociales y humanas, de la cual nace y se consolida la identidad cultural, así como la identidad de estos barrios y colonias tradicionales.
La pregunta que queda en el aire es: ¿Qué tipo de ciudad queremos dejar a las futuras generaciones…?
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Ramón Abonce Meza es Director de la Maestría en Arquitectura y Nuevo Urbanismo del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro, así como profesor e investigador del Sistema Nacional de Investigadores (SNI-1).
En los últimos años se ha especializado en aplicar los principios del Nuevo Urbanismo en el contexto mexicano. |
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Fuente: www.casamexico.com.mx
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